27 de agosto de 2011

El mundo de las cosas que no me importan.


Por un día, evadirse de la realidad es agradable, una sadisfacción poco habitual. Olor a hierva recién cortada, a la cocina de mi abuela, a las batallas contadas mil y una veces por mi abuelo; esas batallas de guerras por orgullo, que esperan ser admiradas, por mi, su nieta, que sinceramente no sabe lo que es pasar un día sin comida.
Sensación a libertad, a tiempo, tiempo pasado. Esa casa en medio de las montañas tiene poco significado para mi, pero un gran fondo para otros. Pasiones desatadas en sus habitaciones, reuniones llenas de amor, cuadros pintados por anónimos esparcidos por las paredes.
Para mi es un lugar más al que viajo los domingos. Para otros, una historia, un cuento sacado del papel, sueño convertido en realidad.










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