A veces, las cosas más insignificantes son a las que más
tememos. El tiempo, es fuerte, tanto, que crea muros, fronteras, y estas
traspasaron la ilusión, hasta llegar al valle del olvido.
Debo reconocer que en todo este tiempo, amigos, habéis
seguido, nunca nada os lo ha impedido, de lo contrario, estaríais como yo.
Mientras todo siguió su curso habitual, yo, por gajes del oficio, me paré en un 7 de enero, y no hay manera de salir de allí.
Lo que quiero decir es que seguisteis y quedé atrás
(por méritos propios, debo reconocer).
Y últimamente me ronda por la cabeza saber que tengo que
hacer ahora para poder recuperar lo perdido, que es demasiado importante para
dejarlo por el camino, y encarrilar de nuevo mi vida.
La primera solución obviamente no fue la más acertada,
una vez más, mi boquita me ha echo jugar una mala pasada, digo yo: ¿Cuándo
dejaré de ser tan bocas?
Bueno, el caso es que aun estamos a tiempo, eso espero,
quedan unos 40 días de nerviosismo, horas frente a libros, y más de una noche
sin dormir; pero luego, de tu a tu (de mi a mi misma), hagamos las cosas
bien.Recuperemos confianza. Ya era hora de volver.

No hay comentarios:
Publicar un comentario